Archive for December, 2010

A Great Sunday

December 19, 2010

I made the difficult choice of getting up before noon today, and thus rewarded myself with a trip to the farmers market. Every weekend in towns all across Costa Rica, local farmers set up tables under tarps to exhibit their wares. It’s always a beautiful affair, a smorgasbord of bright fruits and fresh vegetables. And it’s cheap. I went with just over $6, and I spent every last cent, but not before eating a delicious gallo pinto with eggs, fresh bread and pineapple juice; buying four lovely tomatoes; a head of broccoli; onions to hang on my wall; four sweet peppers; and some celery. Oh, and a large bag of strawberries.

With my last 400 colones, I bought the Sunday edition of La Nacion, and now I’m at home, where it’s 75 and sunny, about to do some gardening and lounging  before the big soccer game tonight: Heredia vs. La Liga. I don’t care who wins, as long as it’s not La Liga. Porque La Doce me cae mal.

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Walking Around Chepe (con disculpas a Pablo Neruda)

December 16, 2010

Sucede que me canso de ser tico.

Sucece que entro en las pulperías y en los chinamos

machito, forestero impermeable a la lluvia, como un yiguirro de fieltro

navegando sin rótulos en calles de lágrimas y hollín.

 

El olor de las cloacas me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de birras o de chemas,

sólo quiero no ver chonetes ni ventas callejeras,

ni pequeñas zonas verdes, ni viejas con frenillos, ni accesos limitados.

 

Sucede que me canso de vigilar mi salveque y mi espalda

y mi cámara y mi cédula.

Sucede que me canso de ser tico.

 

Sin embargo sería delicioso

asustar a un guachimán con un gallo pinto

o dar muerte a un funcionario público con un pichazo a la jupa.

Sería bello

ir por las calles con un machete verde

y dando gritos de Pura Vida hasta morir de miedo.

 

No quiero seguir siendo sombra turística de mentiras

vacilando, quebrado, fuera de lugar, sin dónde dormir,

absorbiendo las pachucadas y abrumado por el volumen de todos los días.

 

No quiero pasar más desgracias.

No quiero continuar sin rumbo y de picada,

de dólar andante, de burdel de gringos

ateridos, muriéndome de pena ajena.

 

Por eso el día lunes se regocija como un viernes de feriado

cuando me ve llegar con mi cara de perdido

y aúlla en su trancurso como una corrida de toros,

y da pasos encima de la basura caliente hacia la noche.

 

Y me empuja a ciertos búnkeres, a ciertas casas enrrejadas,

a ventas de tiliches donde el pollo en salsa sale por la ventana,

a ciertas zapaterías con vendedores gritones,

a calles espantosas con huecos y grietas.

 

Hay pájaros que no vuelan y horribles ladrones

viéndome desde las puertas de negocios donde no quiero entrar,

hay monopolios estatales sin sentido,

hay tombos muertos

que debieron haber muerto de vergüenza y espanto,

hay paraguas inservibles de dos mil pesos, y taxistas, y guaro.

Yo paseo con prisa, enjachando a todos, con zapatos mojados,

con furia, con olvido,

paso, cruzo lotes baldíos y tiendas de ropa íntima:

lencería colombiana, paños baratos colgadas desde las tapias, y lloro:

lentas lágrimas sucias.